Testigos de la Santa Cena.

 
A la Memoria de Rafael Quero Medina
 
El Lunes Santo, sólo salía el Vía crucis del Santísimo Cristo del Silencio, con el apoyo de la Agrupación de Cofradías, y por supuesto de personas, entidades, Cofradías y Corporaciones logramos en Junio de 1.983 la constitución formal de la COFRADIA DE LA SAGRADA CENA DE JESUS Y NUESTRA SEÑORA DEL AMOR, con sede canónica en la Parroquia de San José y propósito de efectuar su primera salida procesional el LUNES SANTO, dieciséis de Abril de 1.984.
 
La parte más externa de la historia es suficientemente conocida, pero quisiera aportar aquí algunos detalles de esos primeros momentos difíciles en los que se presenta un proyecto casi utópico y en el que nadie cree, en los que encontrar una ayuda, unos brazos abiertos o una ilusión compartida es fundamental. Y eso es lo que encontramos en hermanos de la Corporación de «LOS TESTIGOS FALSOS», principalmente y desde los primeros momentos en PEPE LABRADOR, secretario primero y en ejercicio hasta 1.996 y pieza fundamental de la Cofradía y RAFAEL QUERO, que Dios lo tenga en su Gloria: El inolvidable RAFALITO »EL DE LOS CANDILES», primer tesorero y cimiento firme (Todos los años el Lunes Santo me acuerdo de muchos, pero especialmente de él, que siempre lloraba de emoción bajo el capirucho. Ahora, desde el Cielo, en una Matallana luminosa, contemplará la Santa Cena con sus «Testigos» a los pies...)
 
 
A través de estos hermanos y posteriores incorporaciones, anclamos en «Los Testigos Falsos», que sumados a las Corporaciones de «EL JUICIO DE SALOMON», «LAS VIRTUDES» y «LA CEPA» permitió un entramado, abierto y valiente, que sería un soporte firme para ir culminando proyectos y hacer realidades sueños.
 
En los salones interiores del Bar «Los Candiles», en calle García Lorca, celebramos las Juntas Semanales de los Jueves, costumbre que se hizo norma y aunque en distintos escenarios, ha perdurado hasta la actualidad. En casa de «Rafalito» se gestaron las primeras acometidas, viviéndose inolvidables momentos, tanto por los logros como por las dificultades. En muchas situaciones, Rafael, con un optimismo sin límites, apuntaba una salida y era capaz de lanzarnos adelante. Las actas y el archivo, minuciosamente llevados por Pepe Labrador, detallan de manera prolija estas vicisitudes. Allí se cortaron las primeras túnicas, se guardo la cera y actuó junto al cuartel de las «Virtudes Teologales» de Cada Hermandad permanente, por lo que aprovecho para rendir un cariñoso homenaje a este hombre que tanto luchó por nuestra Cofradía y por «Los Testigos Falsos».
 
 
Trascendental, por otra parte, resultó para la cofradía la incorporación a través de los Testigos Falsos del hermano PACO GONZÁLEZ, que fue el primer Hermano Mayor y pieza clave para que en 1.985 pudiera estar en la calle el paso de palio suntuoso y singular de María Santísima del AMOR, primero llevado a costaleros. Paco, con su generosidad y carisma, impulsó la Hermandad siendo durante ocho años su Cofrade Mayor y consolidando al Lunes Santo como uno de los días grandes de nuestra Semana Santa.
 

PEPE LABRADOR, JERONIMO GUILLEN Y JOSE PARRAS, hermanos de los «Testigos Falsos», han sido también hermanos Mayores de ambos pasos, ocupando cargos en la Junta de Gobierno. Pero el acto más importante con el que, anualmente, se renueva esta alianza, tiene lugar en la tarde del Lunes Santo: A las siete en punto de la tarde, se abren las puertas, aparece la Cruz de Guía y avanzan los Nazarenos. Se divisa el paso, imponente y majestuoso, de la Sagrada Cena entre la filigrana sonora de las marchas y el admirable compás marcado por los costaleros. Delante, siempre delante, firmes, heréticos y poderosos, aparecen como guardia de honor los romanos de los «Testigos Falsos». Los cascos, brillantes y bruñidos por el sol, relucen en desafío permanente con el dorado paso. Las plumas rizadas de sus plumeros aletean con las brisas templadas de la tarde. La procesión avanza en medio del gentío, las saetas y el resonar de las marchas en una conjunción estética fastuosa. Y allí están cada año como heraldos contumaces y TESTIGOS privilegiados del momento más trascendental de la Cristiandad: La Institución de la Eucaristía en la SANTA CENA.

 
JUAN ORTEGA CHACON