Quinto Viernes de Cuaresma
 

En el año 1.990, siendo Presidente Francisco Castillo Castillo, un grupo de Hermanas, le proponen disponer del Cuartel, para celebrar ellas solas durante la cuaresma, una comida, donde se reunirán, para preparar los actos y acordar el regalo que ofrecerán al Cuartel en ese año, El Sábado Santo. Francisco Castillo, les promete que en la próxima Junta General se expondrá al colectivo de Hermanos. Esta Junta se celebró, acordándose afirmativamente, que fueran anualmente el Quinto viernes de Cuaresma, comenzando en el año 1.991.

 
 
 
 
 
Desde su inicio, cada mujer en esta Junta, ocupa el cargo de su marido (la de presidente, hace de presidenta, la de secretario, hace de secretaria) y así sucesivamente, tienen su libro de actas, donde proponen mejoras en lo que ellas ven deficiente y hay veces que son aceptadas, pues 144 ojos ven más que 72. En el transcurso de esta comida no podemos entrar a la Corporación los hombres y llevan invitadas a familiares y amigas de su entorno que en algunas ocasiones han servido para que sus maridos ingresen en el Cuartel. Los hombres este día nos vamos a los ensayos de los Costaleros y cenamos todos juntos, donde viene bien como buenos hermanos y compañeros, llegando altas horas de la madrugada, comienza la incertidumbre, dice uno son las cuatro de la mañana, donde estarán las mujeres, alguien el más impaciente, se acerca por el Cuartel, vuelve y nos dice, las luces están encendidas y se siente jaleillo, deben de estar ambientadas, se oye cantar cuarteleras a la mujer de Castillo. No hay duda siguen en el Cuartel. Como Testigas aprendieron de nosotros, son durillas de roer. Tienen sangre y buenas soleras.
 
 
 
Esto nos induce que donde quiera que estemos, en desesperada espera, compartiendo con cariño, nuestra preciada Hermandad, nos vuelvan a rellenar, una vez unos cubatitas. Esperando que el último lo compartamos con ellas y nos cuenten como fue, si a estas les parece bien. Si esto no sucediera, nos iremos a la casa a esperar a la compañera, que habrá disfrutado lo suyo, en su corporación señera.
 
 
 
 

 

 
 
 

Nosotros mañana V sábado de Cuaresma, volveremos al Cuartel y con inusitada ilusión alguien, que sin pensarlo siquiera, levantará emocionado, la pata tan venerada a la vieja cuaresmera.

Francisco Castillo Castillo